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Tragedia en San Cristóbal: El fracaso de la contención y el retorno del fantasma de Patagones

La calma de la mañana en Santa Fe se rompió con el estruendo de una escopeta, pero el eco del disparo resuena con fuerza en los pasillos del poder bonaerense y porteño. El asesinato de un adolescente de 13 años a manos de un compañero de 15 en la Escuela N°40 “Mariano Moreno” no es solo un hecho policial; es un síntoma de una crisis de gestión educativa y de seguridad que atraviesa las fronteras provinciales. Mientras la política discute protocolos de papel, la realidad entra a las aulas con un arma en la mochila.

El mito del “alumno ejemplar” y el vacío de los gabinetes psicopedagógicos

Desde la Municipalidad de San Cristóbal, la primera reacción fue el desconcierto: un “buen alumno” sin antecedentes de mala conducta. Sin embargo, detrás de esa etiqueta se esconde la gran deuda de las carteras educativas: la incapacidad de detectar señales de alerta en la salud mental de los estudiantes. La pregunta que los ministerios de Educación —tanto en Santa Fe como en Buenos Aires— evitan responder es qué está fallando en el seguimiento de las trayectorias escolares para que un adolescente decida que la solución a sus conflictos es una masacre.

El debate por la baja de imputabilidad: ¿Solución o parche político?

El agresor tiene 15 años. Al igual que ocurrió en la histórica y dolorosa Masacre de Carmen de Patagones en 2004, la figura de la “inimputabilidad” vuelve a colocarse en el centro del ring mediático. Este suceso le da oxígeno a los sectores que impulsan reformas en el Código Penal para bajar la edad de punibilidad, una bandera que suele flamear con fuerza en el territorio bonaerense ante cada crisis de seguridad. ¿Se centrará la discusión en el castigo o en cómo una escopeta logra perforar todos los controles familiares y estatales?

Fallas en la prevención: De los centros de monitoreo al aula

Resulta paradójico que el evento fuera detectado por el centro de monitoreo municipal al ver a los alumnos huir despavoridos, y no por mecanismos preventivos dentro del establecimiento. La seguridad escolar en Argentina sigue siendo reactiva. Mientras se gasta en cámaras de vigilancia urbana, las escuelas carecen de recursos mínimos para la mediación de conflictos. En San Cristóbal, fue el heroísmo de un asistente escolar el que evitó una carnicería mayor, dejando al desnudo que, ante la crisis, la única barrera entre la vida y la muerte sigue siendo la voluntad individual y no una política de Estado coordinada.