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Muerte de Griselda Gambaro: adiós a la voz del teatro político argentino

Griselda Gambaro, la voz porteña que desafió el poder: murió a los 98 años la dramaturga que puso el autoritarismo en escena

Barracas la vio nacer. Buenos Aires la reconoció como Ciudadana Ilustre. Y el teatro argentino la lloró esta semana con la muerte de Griselda Gambaro, una de las autoras más influyentes del siglo XX, fallecida a los 98 años. Su obra no fue solo literatura: fue un mapa político del sometimiento, la violencia y la resistencia que atravesó décadas de historia nacional.

Nacida el 28 de julio de 1928 en el barrio porteño de Barracas, Gambaro construyó una trayectoria que empezó en la narrativa y encontró su dimensión más potente en el teatro. En 1965, el estreno de El desatino en el Instituto Torcuato Di Tella, bajo la dirección de Jorge Petraglia, marcó un quiebre en el lenguaje escénico argentino. Desde entonces, su obra no dejó de crecer ni de incomodar.

Títulos como Las paredes, Los siameses, El campo, La malasangre y Antígona furiosa se convirtieron en referencias ineludibles de la dramaturgia latinoamericana. Sus piezas desnudaban las relaciones de poder con una precisión quirúrgica: el autoritarismo no era un telón de fondo, sino el corazón mismo de sus conflictos dramáticos.

Esa mirada política tuvo consecuencias concretas durante la última dictadura cívico-militar. En 1977, su novela Ganarse la muerte fue prohibida por el régimen, y Gambaro debió exiliarse en Barcelona, donde vivió hasta 1980. El retorno al país no fue un gesto menor: en 1981, en plena dictadura, formó parte de Teatro Abierto, la experiencia colectiva que reunió a artistas de distintas disciplinas en defensa de la libertad de expresión. Allí presentó Decir sí, obra que se volvería emblema de esa resistencia cultural.

La Asociación Argentina de Actores y Actrices fue una de las primeras voces en comunicar su fallecimiento y en reivindicar el lugar central que Gambaro ocupó en la cultura nacional. La entidad destacó la profundidad de sus personajes y la riqueza que su obra ofreció al trabajo actoral durante décadas.

Gambaro también fue una voz crítica dentro del propio campo teatral. En distintas oportunidades cuestionó la desigual presencia de autoras y directoras en los escenarios, y celebró el empuje de las nuevas generaciones en ese sentido. Su compromiso con los derechos humanos y con la lucha feminista formó parte de su identidad pública hasta el final.

Más allá del teatro, su producción incluyó novelas como Dios no nos quiere contentos, Lo impenetrable y El mar que nos trajo, además de cuentos, ensayos y una extensa bibliografía para niños y jóvenes. Su obra trascendió fronteras y continúa siendo representada y estudiada en escenarios de todo el mundo.

En 2008, la Legislatura porteña la reconoció como Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires mediante la Ley N° 2669. Un título que, en su caso, no fue un mero gesto protocolario: Gambaro había construido, desde Barracas y hacia el mundo, una obra que habló de Buenos Aires, de Argentina y de la condición humana con una honestidad que pocas veces se ve en un escenario.

Con su muerte se va una figura irrepetible. Pero sus textos siguen en pie: en las salas, en las aulas y en la memoria de quienes entienden que el teatro también es una forma de hacer política.