Cuánto cuesta no ser pobre en Buenos Aires: la radiografía que incomoda a la gestión porteña
Los números del Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad (IDECBA) correspondientes a septiembre de 2026 volvieron a poner sobre la mesa una pregunta incómoda para cualquier gobierno: ¿qué significa realmente ser de clase media en Buenos Aires hoy? La respuesta, fría y contundente, es que una familia tipo de cuatro integrantes necesita ganar más de 2,6 millones de pesos por mes para alcanzar ese umbral. Y si el objetivo es apenas no ser pobre, el piso baja, pero no tanto: $1.687.299 mensuales.
El informe toma como referencia un hogar modelo compuesto por una pareja de 35 años, ambos activos laboralmente y propietarios de su vivienda, con dos hijos varones de 9 y 6 años. Para ese grupo familiar, la canasta básica alimentaria, es decir, el mínimo para no caer en la indigencia, trepó a $925.941 en septiembre, frente a los $903.930 de agosto y los $674.757 de un año atrás. La suba interanual supera el 37%, un dato que contrasta con cualquier relato oficial sobre estabilización del costo de vida.
La línea de pobreza, por su parte, pasó de $1.651.798 en agosto a $1.687.299 en septiembre. En términos interanuales, el salto es aún más elocuente: en septiembre de 2025 esa misma barrera se ubicaba en $1.255.934, lo que implica un incremento cercano al 34% en doce meses.
Pero el dato que quizás mejor ilustra la presión sobre los hogares porteños es el de la canasta total de consumo, que el IDECBA define como el conjunto de bienes y servicios compatible con el estándar de vida de la Ciudad. Para la familia de referencia, ese valor alcanzó los $2.135.852 en septiembre. Cualquier hogar que perciba entre ese monto y los $2.669.815 mensuales queda clasificado apenas como “sector medio frágil”. Recién por encima de ese techo comienza la denominada clase media consolidada, que se extiende hasta los $8.543.407.
En otras palabras, el IDECBA traza una pirámide en la que la mayoría de las familias porteñas, incluso aquellas con dos ingresos formales, se ubican en los estratos más bajos o directamente por debajo de la línea de pobreza. El segmento de “no pobres vulnerables” abarca a quienes ganan entre $1.687.299 y $2.135.852, una franja que, lejos de representar estabilidad, refleja una fragilidad cotidiana.
El informe también permite dimensionar la situación de otros tipos de hogares. Un adulto solo de 25 años necesita $467.524 para no ser pobre y $303.587 para no caer en la indigencia. Una pareja joven sin hijos enfrenta una línea de pobreza de $846.631. Y los adultos mayores inactivos, cuya situación suele quedar fuera del debate político central, necesitan $615.282 para superar esa barrera.
El contexto político no es menor. Estos datos del IDECBA se publican mientras el Gobierno de la Ciudad gestiona una propuesta de aumento tarifario en los servicios de agua y cloacas, acaba de registrar subas en el transporte público y reporta que los ingresos familiares promedio crecieron un 27,1% interanual en el segundo trimestre, por debajo de la inflación del 32,7% medida por el propio IPCBA. La brecha entre salarios y precios es, en definitiva, el núcleo del problema que estas canastas exponen con precisión estadística.
Lo que el informe del IDECBA retrata, más allá de los fríos guarismos, es la distancia cada vez mayor entre el relato de la recuperación y la experiencia concreta de millones de porteños que cada mes hacen cuentas para ver de qué lado de la línea terminan parados.








