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Alimentos más caros en Argentina: el dato que golpea al modelo económico de Milei

Un dato empieza a incomodar incluso a quienes defendían el rumbo económico: casi la mitad de los alimentos que se venden en Argentina ya son más caros que en otros países. El fenómeno, lejos de ser aislado, expone una tensión central del modelo económico impulsado por el gobierno nacional, que prometía mayor competencia y baja de precios tras la apertura comercial.

El informe del Ieral, de la Fundación Mediterránea, pone números a esa contradicción. Al comparar diez productos básicos entre distintos países, Argentina aparece con precios más altos en el 47% de los casos dentro del rubro alimentos y bebidas. No se trata de un dato menor: implica un deterioro respecto a años anteriores y deja en evidencia que la convergencia de precios internacionales aún está lejos de concretarse.

El punto es particularmente sensible en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), donde se concentra el mayor consumo del país y donde la inflación en alimentos golpea directamente sobre el humor social. En ese contexto, la promesa de que la apertura y la desregulación iban a abaratar la canasta básica empieza a mostrar límites concretos.

El contraste regional es elocuente. Brasil, principal socio comercial, presenta precios más bajos en ocho de los diez productos analizados. Lo mismo ocurre, en distinta medida, con países como Chile o México. Incluso economías más lejanas como China muestran diferencias aún más marcadas. En paralelo, Argentina solo logra ubicarse por debajo de países desarrollados como Estados Unidos o Francia, donde los niveles de ingreso son significativamente superiores.

La explicación no es lineal, pero el propio informe apunta a factores estructurales: presión impositiva, costos logísticos y distorsiones del mercado interno. Es decir, variables que dependen en gran medida de decisiones políticas. En este punto, la discusión deja de ser técnica y se vuelve de gestión: ¿por qué, pese a las reformas, los precios locales no logran alinearse con los internacionales?

El problema se profundiza al salir del rubro alimentos. En bienes durables, indumentaria y calzado, Argentina aparece como el país más caro en el 81% de los productos relevados. Desde electrodomésticos hasta ropa básica, los valores locales superan sistemáticamente a los de otros mercados, lo que afecta el consumo y refuerza la sensación de pérdida de poder adquisitivo.

Algunos casos reflejan con claridad la dinámica reciente. La carne vacuna, históricamente competitiva, registró subas relativas de hasta el 60% frente a otros países. También aumentaron productos como la cerveza o las papas. Solo el arroz mostró una mejora en términos comparativos.

El trasfondo político es inevitable. El gobierno apostó a que el ajuste fiscal y la apertura generarían una rápida corrección de precios relativos. Sin embargo, los datos sugieren que esa transición está siendo más lenta y costosa de lo previsto, especialmente para los consumidores.

En un escenario donde el consumo sigue debilitado y la inflación aún condiciona la vida cotidiana, el desafío ya no es solo estabilizar variables macroeconómicas, sino traducir esas mejoras en precios concretos. De lo contrario, el costo político de la estrategia económica podría empezar a sentirse con más fuerza en la calle y en las urnas.