Jorge Macri en Miami: entre el lobby político y la pregunta sobre quién cuida Buenos Aires
El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, aterrizó en Miami con una agenda cargada de reuniones institucionales, encuentros empresariales y participaciones académicas. La gira, que luego continuará en Washington D.C., lo mantiene alejado de la Ciudad durante varios días y abre el debate sobre las prioridades de gestión de quien conduce el distrito más poderoso del país.
La primera parada fue el Encuentro Atlántico de Think Tanks 2026, organizado por la Florida International University, la Unión de Partidos Latinoamericanos y la Fundación Hanns Seidel. Allí, Macri expuso su concepto político de “orden para la libertad”, una fórmula que ya había utilizado meses atrás al abrir el Council of the Americas en Buenos Aires. La idea central: sin respeto a la ley y a la propiedad privada, no puede haber verdadera libertad. “No hay libertad cuando el que cumple la ley tiene que vivir condicionado por el que la rompe”, afirmó el mandatario porteño ante su audiencia internacional.
El discurso tiene coherencia ideológica, pero también una lectura política doméstica evidente. Macri proyecta hacia el exterior una imagen de gestor ordenado y previsible, en un momento en que el mapa político de la Ciudad de Buenos Aires está en plena reconfiguración de cara a las elecciones de 2027. La pregunta que sobrevuela es hasta qué punto estas giras sirven para construir vínculos concretos para Buenos Aires o funcionan principalmente como plataforma de posicionamiento personal dentro del PRO y del espacio de centroderecha a nivel nacional.
Lo acompañan en el viaje el jefe de Gabinete, Gabriel Sánchez Zinny, y el secretario General y de Relaciones Internacionales, Fulvio Pompeo. La presencia de Sánchez Zinny no es menor: es el funcionario que conduce el día a día del Ejecutivo porteño, y su ausencia simultánea plantea interrogantes sobre la conducción operativa del gobierno mientras la cúpula está en el exterior.
La agenda en Miami tiene objetivos concretos declarados: fortalecer los lazos entre Buenos Aires y Miami-Dade en materia de cultura, industrias creativas, gastronomía, grandes eventos y desarrollo urbano. También está prevista una conversación en la Florida International University junto a Carlos Díaz Rosillo, del Adam Smith Center for Economic Freedom, sobre libertad económica y el rol de los gobiernos locales. Y una visita a la Escuela Argentina MIA para encontrarse con la comunidad argentina radicada en Florida.
Desde Washington, en tanto, el itinerario es aún más ambicioso: reuniones en el Senado estadounidense y en el Departamento de Estado, encuentros con empresarios, actividades académicas en Georgetown University con la Latin American Policy Association, y un encuentro con la alcaldesa Muriel Bowser para intercambiar experiencias sobre seguridad, transformación urbana y vivienda accesible.
La gira no es un hecho aislado. En los últimos meses, Macri viene construyendo un perfil con proyección internacional, participando de foros y encuentros que lo posicionan como un referente de la centroderecha latinoamericana comprometido con la inversión privada, la desregulación y la seguridad jurídica. El problema es que ese perfil convive con las urgencias cotidianas de una Ciudad que todavía debate cómo resolver su crisis habitacional, la gestión del espacio público y los desafíos de movilidad que afectan a millones de porteños.
La tensión entre la gestión de lo inmediato y la construcción de liderazgo a largo plazo es, en definitiva, el dilema político de fondo que esta gira vuelve a poner sobre la mesa.








