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Cae la venta de combustibles en Argentina y crecen las dudas sobre el modelo económico de Milei

Por tercer mes consecutivo, la venta de combustibles en Argentina volvió a retroceder y encendió una señal de alerta que trasciende lo económico para meterse de lleno en el terreno político. El dato, correspondiente a abril de 2026, no solo refleja el deterioro del poder adquisitivo, sino que también pone bajo la lupa la estrategia de desregulación impulsada por el Gobierno nacional.

Según un informe sectorial, el expendio total alcanzó los 1.333.298 metros cúbicos, lo que representa una caída del 2,38% interanual. En términos mensuales, la baja también se sostuvo con un retroceso cercano al 2% respecto de marzo. La tendencia ya no aparece como un fenómeno aislado, sino como parte de un patrón que combina caída del consumo interno con suba de precios, en un contexto internacional adverso marcado por la guerra en Medio Oriente.

El impacto es particularmente visible en los combustibles más utilizados por los sectores medios y populares. Mientras la nafta súper y el gasoil común registran caídas sostenidas —con desplomes de hasta casi 10% en el caso del diésel grado 2—, los productos premium muestran un crecimiento más moderado. Este desplazamiento del consumo no solo revela una mayor segmentación social, sino también una retracción general de la actividad económica.

En el mapa federal, la provincia de Buenos Aires se mantiene como el principal mercado, con más de 468 mil metros cúbicos vendidos en abril, seguida por Córdoba, Santa Fe y la Ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, el volumen no alcanza para compensar la tendencia general a la baja, que golpea de lleno a estaciones de servicio y a toda la cadena de comercialización.

En paralelo, el Gobierno defendió su hoja de ruta. El subsecretario de Hidrocarburos, Federico Veller, ratificó que la política energética se orienta hacia una menor intervención estatal y mayor protagonismo del sector privado. En un encuentro con actores de la industria, sostuvo que el objetivo es “corregir distorsiones” y generar condiciones para la inversión.

El planteo oficial se apoya en datos como el superávit energético registrado en 2025, pero evita confrontar con el efecto inmediato sobre el consumo interno. La tensión es evidente: mientras se busca atraer inversiones y ordenar variables macroeconómicas, la caída en las ventas de combustibles actúa como termómetro de una economía que no logra recomponer ingresos.

El liderazgo de **YPF** en el mercado —con más de 746 mil metros cúbicos vendidos— no modifica el cuadro general. La retracción del consumo plantea un interrogante central para la política económica: ¿hasta qué punto la desregulación puede sostenerse si el mercado interno continúa debilitándose?

En ese cruce entre precios internacionales, ingresos locales y decisiones de política pública se juega una discusión clave para la Argentina actual. Porque más allá de los números, lo que está en disputa es el equilibrio entre competitividad y acceso, entre inversión y consumo, en un contexto donde la energía vuelve a ser un factor decisivo.