El reloj de arena del Partido Justicialista de la Provincia de Buenos Aires está por agotarse, y el ruido de sables parece mutar en un acuerdo de supervivencia. A medida que se acerca el cierre de listas este domingo, la figura de Axel Kicillof emerge no solo como un sucesor natural para desplazar a Máximo Kirchner, sino como el eje de un nuevo ordenamiento político que busca suturar las heridas entre el “kicillofismo” y La Cámpora.
El precio del consenso: un escudo para la gobernación
La llegada de Kicillof a la presidencia del partido no es un cheque en blanco. El gobernador ha sido pragmático: aceptará el bastón partidario siempre y cuando exista un respaldo total y explícito a las decisiones de su gestión. En un contexto de asfixia financiera por parte del Gobierno Nacional, Axel entiende que no puede gestionar la provincia con un partido que le haga “internas” desde los municipios o la Legislatura.
El Movimiento Derecho al Futuro (MDF), el brazo político que comanda Carlos Bianco, trabaja a contrarreloj para que este desembarco no sea una victoria pírrica, sino el inicio de una estructura que le dé gobernabilidad real hasta 2027.
El rompecabezas de las vicepresidencias
Bajo la superficie de la unidad, la batalla real se libra en la composición del Consejo del partido. El esquema que se baraja busca un equilibrio de fuerzas casi quirúrgico. Mientras que Verónica Magario se encamina a retener la vicepresidencia primera —garantizando el cupo para el territorio matancero y la liga de intendentes—, las posiciones de la vicepresidencia segunda y la secretaría general quedarían en manos de figuras leales al Instituto Patria.
Este “loteo” de cargos es el que mantiene en vilo a los operadores políticos. Bianco ha intensificado las reuniones con referentes de la Quinta y la Séptima sección, buscando que el recambio no deje heridos en el camino y respetando, en la medida de lo posible, las jerarquías de quienes ya tienen un sillón en el esquema partidario.
De la resistencia a la conducción
La salida de Máximo Kirchner de la jefatura del PJ bonaerense marca el fin de una etapa de tensiones visibles. Sin embargo, el desafío para Kicillof será doble: ¿Podrá transformar un partido acostumbrado a la lógica de la resistencia en una maquinaria eficiente de respaldo a su gestión?
El domingo será la fecha clave para confirmar si el peronismo provincial ha decidido, finalmente, ordenar su casa para evitar que las filtraciones internas terminen por inundar la gestión de la Provincia más importante del país.










