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Bullrich vira hacia los Milei y culpa a Villarruel por el fracaso en el Senado

El fracaso oficialista en la cámara alta aceleró una reconfiguración de alianzas dentro de La Libertad Avanza. Patricia Bullrich dejó atrás los roces internos con la dupla presidencial y eligió un nuevo blanco: Victoria Villarruel.

El detonante fue la caída de la sesión en el Senado donde debía debatirse el proyecto de propiedad privada. Lejos de asumir responsabilidades, el entorno de la jefa del bloque libertario en la cámara alta salió a colocar toda la carga sobre los hombros de la vicepresidenta, acusándola de haber operado activamente para impedir el quórum. Según las mismas fuentes, la maniobra de Villarruel fue la que terminó condicionando el resultado, aunque paradójicamente el quórum sí se alcanzó para votar los pliegos de jueces.

El giro de Bullrich no es casual ni espontáneo. Se produce en un contexto donde Karina Milei acaba de empoderar a Diego Santilli como principal interlocutor con los aliados del PRO, y donde la secretaria general del partido viene dando señales claras de que planea intervenir de forma directa en la dinámica parlamentaria. Las convocatorias de legisladores a Balcarce 50 y la visita personal de Karina a la Cámara de Diputados marcaron el tono de una conducción que no piensa ceder terreno.

Frente a ese escenario, Bullrich recalibró su posición. Filtró conversaciones privadas con Villarruel, responsabilizó públicamente a la vice por la postergación del debate y ocupó un lugar de alineamiento con la Casa Rosada que durante semanas había dejado vacante por sus desmarques. La respuesta del oficialismo fue moderada pero elocuente: nadie la cuestionó, nadie la defendió con fuerza, pero desde el sector de Santiago Caputo llegó el mensaje más claro: la culpa es de Villarruel, no de Bullrich.

Usar a la vicepresidenta como chivo expiatorio de los fracasos parlamentarios no es una novedad dentro de La Libertad Avanza. Desde el financiamiento universitario hasta los vetos presidenciales, Villarruel fue el paraguas donde el oficialismo colocó cada tropiezo legislativo. Esta vez no fue distinto. Y la propia vice lo sabe: lejos de negar el contenido de los chats filtrados, respondió en X con una crítica a los métodos pero sin desmentir los hechos.

En paralelo, el bloque libertario intentó bajarle el dramatismo a la derrota. “Se prefirió pasarlo para estar más tranquilos”, dijeron cerca de Bullrich, aludiendo a la reprogramación del debate para el 6 de agosto. También deslizaron críticas veladas contra el ministro Federico Sturzenegger, autor del proyecto, por supuestas tensiones internas que habrían complicado los acuerdos.

Mientras tanto, el kirchnerismo y el PJ salieron a apropiarse del traspié oficialista como si fuera un triunfo propio, lo que encendió la ira en el Gobierno. Javier Milei habló del tema esa noche en la Bolsa de Comercio, aunque con referencias vagas y sin mencionar nombres: “Esos son los responsables de la decadencia argentina”, dijo apuntando en general a la oposición.

El fondo de toda esta reconfiguración sigue siendo la discusión sobre el futuro político de Bullrich. La Casa Rosada le insinúa la vicepresidencia para la fórmula reeleccionista, pero ella no termina de definir si ese es el lugar que quiere. La Ciudad de Buenos Aires aparece como otra posibilidad, aunque Karina Milei evalúa si conviene o no cerrar un acuerdo con Jorge Macri. En ese tablero, figuras como Martín Menem o Sandra Pettovello también son mencionadas, aunque todos niegan interés.

Lo concreto es que Karina ya se reunió con legisladores porteños propios para hablar de la agenda de CABA, con fuertes críticas a la gestión local. Bullrich no estuvo en esa reunión. Una ausencia que, en la política argentina, nunca es inocente.