El susto en el Parque de la Costa reabre el debate sobre controles y responsabilidades en espacios de entretenimiento
Un desperfecto en una de las montañas rusas del Parque de la Costa, en Tigre, dejó a más de 20 personas suspendidas a gran altura durante casi 20 minutos en pleno fin de semana largo. Aunque no hubo heridos, el episodio volvió a poner en discusión un tema sensible para la gestión pública en el conurbano bonaerense: los controles de seguridad, la fiscalización estatal y la responsabilidad sobre espacios recreativos masivos.
El incidente ocurrió en la atracción “El Desafío”, cuando el sistema de elevación falló durante el ascenso. Según testimonios de visitantes, la cadena del mecanismo se habría soltado, generando una detención abrupta del recorrido. Las imágenes, viralizadas rápidamente en redes sociales, mostraron la tensión de los pasajeros atrapados y la preocupación de quienes observaban desde abajo.
Desde el parque aseguraron que el sistema de seguridad funcionó correctamente y evitó un accidente mayor. También informaron que se activaron protocolos de evacuación y que la atracción cuenta con certificaciones bajo normas internacionales. Sin embargo, los relatos de usuarios que aseguran haber vivido fallas similares en el pasado agregan un elemento inquietante: la posible reiteración de problemas técnicos.
Este punto es clave desde el ángulo político. La pregunta que emerge es quién controla y con qué frecuencia este tipo de instalaciones. El Parque de la Costa funciona en el municipio de Tigre, bajo la órbita de habilitaciones locales, pero también intervienen organismos provinciales en materia de seguridad e inspecciones técnicas. La superposición de responsabilidades suele derivar en zonas grises donde el control efectivo se diluye.
En un contexto donde la gestión de la seguridad pública está bajo permanente escrutinio, estos episodios impactan directamente en la percepción ciudadana. No se trata solo de un desperfecto técnico: es un test sobre la capacidad del Estado —en sus distintos niveles— para prevenir riesgos en espacios de alta concurrencia, especialmente durante fines de semana largos y temporadas turísticas.
Además, el hecho ocurre en un momento donde los gobiernos locales buscan incentivar el turismo de cercanía y el consumo interno. Un incidente de este tipo no solo genera preocupación, sino que puede afectar la confianza en uno de los polos recreativos más importantes del conurbano.
Por ahora, no se reportaron sanciones ni intervenciones oficiales tras el episodio. Pero el caso deja planteado un interrogante de fondo: ¿los controles actuales son suficientes o recién se activan cuando el riesgo ya quedó expuesto en redes sociales?










