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Inflación: el Gobierno celebra la baja, pero el 2% se convierte en un nuevo piso incómodo

La desaceleración de la inflación en abril le dio al gobierno de Javier Milei un respiro político después de meses de presión. El 2,6% informado por el INDEC fue presentado como un punto de inflexión en el rumbo económico. Sin embargo, detrás del dato positivo emerge un problema más complejo: la dificultad estructural para perforar el umbral del 2% mensual, una barrera que empieza a consolidarse como nuevo “piso” de la economía argentina.

El oficialismo buscó capitalizar el dato con un mensaje claro: el programa económico está funcionando. El propio Milei celebró públicamente la tendencia descendente, enmarcándola como un logro pese a tensiones políticas internas y shocks externos. Pero en paralelo, las consultoras privadas y economistas advierten que el escenario es menos lineal de lo que sugiere el discurso oficial.

La clave está en la llamada “inercia inflacionaria”, un fenómeno que trasciende medidas puntuales y responde a expectativas arraigadas. En términos simples, los precios siguen subiendo no solo por costos actuales, sino porque empresas y consumidores anticipan que seguirán subiendo. Romper esa lógica, coinciden los analistas, requiere tiempo y consistencia, dos variables que aún generan dudas en el mercado.

Las proyecciones para mayo muestran una continuidad en la desaceleración, aunque moderada. Algunas estimaciones ubican la inflación en torno al 2,2%, mientras otras la acercan al 2,5%. Incluso en un escenario optimista, el descenso parece encontrar un límite claro. Según distintos relevamientos, perforar el 2% mensual no aparece como un objetivo alcanzable en el corto plazo.

Este dato tiene implicancias políticas directas. El Presupuesto 2026 ya quedó desactualizado: proyectaba una inflación anual del 10,1%, pero en apenas cuatro meses el acumulado ya superó ese número. Esto tensiona promesas oficiales sobre recuperación del poder adquisitivo, especialmente en áreas sensibles como jubilaciones, salud y educación.

A su vez, el anhelo del Gobierno de llevar la inflación a niveles cercanos al 1% mensual —e incluso con “cero adelante”— empieza a diluirse. Las propias expectativas del mercado, reflejadas en el REM del Banco Central, ubican los valores por encima de ese objetivo incluso hacia el último trimestre del año.

En este contexto, la política económica enfrenta un dilema: sostener la desaceleración sin generar nuevos desequilibrios, mientras intenta quebrar una dinámica inflacionaria que en Argentina tiene raíces profundas. La baja de abril puede ser una buena noticia, pero también expone los límites de una estrategia que, por ahora, encuentra más certezas en la desaceleración que en la estabilización definitiva.