La pulseada en la Cámara de Diputados dejó al descubierto el corazón de la estrategia parlamentaria del oficialismo: asegurar gobernabilidad a cualquier costo político inmediato. La Libertad Avanza activó en las últimas horas una serie de negociaciones contrarreloj con provincias para garantizar el quórum en una sesión clave que, en los hechos, busca bloquear la interpelación al jefe de Gabinete, Manuel Adorni.
El mecanismo elegido no es novedoso, pero sí significativo en su timing: concesiones vinculadas a la ley de Zona Fría, un tema sensible para distritos con altas demandas energéticas. Según fuentes legislativas, el Ejecutivo ofreció compensaciones específicas a provincias como Jujuy, Santa Fe, Catamarca, Tucumán, Salta y Misiones, en un intento por ordenar voluntades y evitar una derrota política que expondría al funcionario más cercano al presidente Javier Milei.
El dato no es menor: la reforma de Zona Fría, lejos de ser un tema técnico, impacta directamente en las tarifas que pagan millones de usuarios. Gobernadores como Martín Llaryora ya advirtieron que los cambios podrían traducirse en aumentos “exponenciales”, lo que tensiona la relación entre la Casa Rosada y los mandatarios provinciales, incluso aquellos con diálogo abierto.
En este contexto, el oficialismo apuesta a sostener su base de aliados tradicionales —UCR, PRO y bloques menores— mientras negocia caso por caso con legisladores que responden a gobernadores. El número es fino: estimaciones internas hablan de un quórum apenas por encima del mínimo, lo que refleja la fragilidad de la construcción política libertaria en el Congreso.
La jugada, además, tiene un objetivo claro: anticiparse a la sesión impulsada por la oposición, que incluye no solo la interpelación a Adorni sino también pedidos de informes a ministros clave como Sandra Pettovello y Luis Caputo, junto a iniciativas vinculadas a jubilaciones, medicamentos del PAMI y financiamiento universitario.
Detrás de la discusión formal, lo que se juega es el control de la agenda parlamentaria. El titular de la Cámara, Martín Menem, quedó en el centro de la escena al convocar a una sesión previa, en lo que la oposición interpreta como una maniobra para vaciar la convocatoria opositora.
Así, el oficialismo no solo negocia leyes: negocia tiempo, exposición y costos políticos. La pregunta que sobrevuela es cuánto margen tiene el Gobierno para sostener este esquema de intercambios sin erosionar su discurso de ajuste y orden fiscal.
En definitiva, la discusión por la Zona Fría terminó funcionando como moneda de cambio en una disputa mayor: la de evitar que el Congreso se convierta en una caja de resonancia de los cuestionamientos a la gestión nacional.










