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El “impuesto” invisible que asfixia a la clase media: las expensas ya le ganan a la inflación

La gestión de lo cotidiano en los grandes centros urbanos de Argentina atraviesa un momento de tensión silenciosa pero persistente. Mientras el discurso oficial intenta consolidar una narrativa de estabilidad de precios, los números que golpean la puerta de los departamentos en la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires cuentan una historia distinta. Con valores que superan los $318.000 promedio en CABA, las expensas no solo viajan más rápido que el IPC, sino que están transformando a los consorcios en un improvisado —y peligroso— sistema de crédito forzoso.

La brecha entre el índice oficial y el bolsillo del consorcista

Los datos son contundentes: en el último año, el costo de mantener un edificio en Capital Federal escaló un 38,4%, ubicándose casi cinco puntos por encima de la inflación general. Este desfasaje no es casual ni puramente técnico. Responde a una estructura de costos donde la presión de los servicios públicos y las actualizaciones de contratos de mantenimiento pesan más que el promedio de la canasta del INDEC.

En febrero, mientras el Gobierno celebraba una desaceleración inflacionaria, el rubro de vivienda y servicios básicos seguía operando como el principal motor de los aumentos. Para el vecino, esto significa que la “previsibilidad” macroeconómica no llega a la liquidación de fin de mes, donde los ajustes de sueldos de encargados y los abonos de servicios imponen una dinámica propia y voraz.

El fantasma de la mora: cuando el vecino financia al vecino

Quizás el dato más alarmante para la salud social de los barrios es el aumento de la morosidad. Ya no hablamos de un fenómeno marginal: casi 2 de cada 10 unidades funcionales en CABA y PBA arrastran deudas. La mora saltó del 17% al 19% en un abrir y cerrar de ojos, consolidando una tendencia estructural que amenaza la convivencia y el mantenimiento de la infraestructura urbana.

Este escenario convierte a los edificios en una “microeconomía de subsidios cruzados”. El propietario que paga a término está, en la práctica, financiando el funcionamiento operativo del edificio para cubrir el bache de quienes quedaron fuera del sistema. No es solo un problema de falta de dinero, sino una señal de alerta sobre el agotamiento de la capacidad de pago de la clase media frente a una presión impositiva y de servicios que no da tregua.

Provincia de Buenos Aires: aumentos que no conocen fronteras

El mapa del conflicto se extiende con fuerza hacia el Gran Buenos Aires y el interior provincial. En territorio bonaerense, el incremento interanual de las expensas tocó un pico del 45,8%, superando con holgura los registros de la Capital. Aunque los valores nominales son menores ($155.508 promedio), el impacto relativo en salarios que suelen ser más bajos que los de CABA genera un combo explosivo para la administración de los consorcios.

La gestión de estos espacios compartidos se ha vuelto una tarea de equilibrio político y financiero. Con el personal y los salarios representando un tercio de los gastos en la Ciudad —llegando al 35% en edificios pequeños—, cualquier movimiento en las paritarias del sector o en las tarifas de servicios impacta de lleno en una estructura que ya no tiene margen de maniobra. La pregunta que queda flotando en los pasillos de las torres porteñas y bonaerenses es cuánto más resistirá este modelo antes de que la deuda se vuelva impagable.