Línea F de subte: la obra más ambiciosa de CABA en 25 años entra en la recta final antes de su licitación
La Legislatura porteña dio luz verde al financiamiento de la Línea F de subte, la expansión más significativa de la red de transporte subterráneo de la Ciudad de Buenos Aires en más de dos décadas. Con una inversión que puede alcanzar los 1.350 millones de dólares, el proyecto deja atrás años de promesas y entra en una fase concreta: la licitación está prevista para septiembre de 2026 y las obras arrancarían en enero del año siguiente.
Una apuesta política y de infraestructura
La aprobación legislativa no es un dato menor. Implica que el oficialismo porteño logró el respaldo necesario para comprometer una cifra millonaria en deuda o financiamiento externo, en un contexto donde el endeudamiento de la Ciudad suele despertar debate. El jefe de Gobierno, Jorge Macri, salió rápidamente a capitalizar el logro y lo presentó como evidencia de una gestión fiscal ordenada: “El sostenido orden en las cuentas fiscales le permite a la Ciudad acceder a préstamos con mejores condiciones crediticias y así llevar adelante obras de infraestructura que mejorarán la calidad de vida de todos los porteños”, sostuvo en su cuenta de X.
La frase no es inocente. En un año electoral, asociar el equilibrio fiscal con obras concretas y visibles es una estrategia de comunicación política tan antigua como eficaz.
El recorrido y lo que cambia para miles de porteños
La futura Línea F tendrá 9,8 kilómetros de extensión y conectará Barracas con Palermo atravesando barrios históricamente postergados en materia de transporte subterráneo: Constitución, San Cristóbal, Monserrat, San Nicolás y Recoleta. A lo largo de ese trayecto se distribuirán 12 estaciones: Brandsen, Constitución, Cochabamba, Chile, Congreso, Corrientes, Pizzurno, Recoleta, Pueyrredón, Coronel Díaz, Ecoparque y Pacífico.
El dato que más llama la atención es la interconectividad proyectada. La Línea F permitirá combinar con todas las líneas existentes (A, B, C, D, E y H) y además ofrecerá conexión directa con los ferrocarriles Roca y San Martín, dos ramales que concentran una enorme cantidad de pasajeros provenientes del conurbano bonaerense. Eso la convierte en algo más que una línea nueva: podría transformarse en un eje vertebrador del transporte metropolitano.
Según las estimaciones oficiales, la nueva línea transportaría más de 300.000 pasajeros diarios y aliviaría la presión sobre la Línea C, actualmente una de las más saturadas del sistema.
Los tiempos y lo que viene
El cronograma oficial establece tres momentos clave: apertura de ofertas en septiembre de 2026, adjudicación en diciembre y comienzo efectivo de las obras en enero de 2027. Son plazos que, en el historial de la obra pública argentina, admiten cierto escepticismo. Sin embargo, la aprobación del financiamiento en la Legislatura representa un avance concreto que le da otro peso institucional al proyecto.
Lo cierto es que, si los tiempos se cumplen, la Ciudad de Buenos Aires comenzará a construir su primera línea de subte nueva en 25 años. Un hecho que, más allá de las disputas políticas, tendrá un impacto real y directo en la vida cotidiana de cientos de miles de personas que hoy no tienen acceso al subterráneo.







