La voz que Buenos Aires no supo ver venir: el tenor lírico misionero que pasó de cantar en la calle Florida a llenarse de trabajo
Hay historias que la ciudad guarda entre el ruido del tránsito y el apuro de la gente. La de Pablo Lallana es una de ellas. Oriundo de Misiones, tenor lírico de formación, este artista de 40 y pico de años llevaba tiempo cantando en las calles del microcentro porteño, a metros de la Plaza de Mayo, sin que nadie se detuviera demasiado. Hasta que un tiktoker anónimo lo filmó, pidió disculpas por no tener dinero para apoyarlo y subió el video a redes. Lo que vino después cambió todo.
El clip superó el millón de reproducciones. La cuenta de Pablo en TikTok, @tenorliricoar, pasó de la nada a más de 41.000 seguidores en poco tiempo. Su Instagram rozó los 8.000. Y lo más concreto: empezaron a lloverle propuestas de trabajo. De cantar por monedas en la calle a solventarse económicamente con la música. Un giro de 180 grados que, sin embargo, no habría sido posible sin años de esfuerzo silencioso.
La historia de Pablo arranca en la Escuela Superior de Música de Misiones, donde comenzó a estudiar piano a los diez años y participó durante casi una década en distintos coros: infantiles, juveniles, de adultos y el Coro Preuniversitario de la Universidad Nacional de Misiones. En 2002 llegó por primera vez a Buenos Aires para formarse en el Instituto CanZion, ligado al cantante y compositor cristiano Marcos Witt. Luego volvió a su provincia natal, donde tocó en bandas, casinos y escenarios de la región como pianista, cantante y compositor.
El salto hacia la lírica llegó en 2012, cuando ingresó al Coro Estable del Centro del Conocimiento de Misiones. Fue allí donde descubrió, casi por sorpresa, que entre su pasión por el rock y la potencia de la voz clásica había un territorio inexplorado que lo convocaba. Se formó con maestros vinculados al Teatro Colón y al Teatro San Martín, viajó a Buenos Aires para seguir perfeccionándose y no dejó de estudiar.
Pero el camino artístico rara vez es lineal. Pablo vivió períodos de escasez laboral que lo llevaron a probar suerte en Brasil y Chile antes de decidirse a instalarse definitivamente en Buenos Aires. “Elegí esta ciudad porque tiene una enorme actividad cultural, turística y artística”, explicó. La apuesta era clara, aunque el resultado tardó en llegar.
Hoy su propuesta se define como crossover lírico: la potencia y la técnica de la voz clásica mezclada con música popular. Sus referencias van de Andrea Bocelli a Frank Sinatra, de Luciano Pavarotti a Elvis Presley, artistas que en su momento también rompieron las fronteras entre géneros. Pero más allá del estilo, lo que distingue a Pablo es su decisión de llevar la ópera a la calle, de sacarla del teatro y acercarla a quienes quizás nunca pisarían una sala lírica.
Eso fue exactamente lo que terminó capturando la atención de miles de personas que, en otro contexto, habrían pasado de largo. Un gesto simple, el de un joven que sacó el celular y decidió compartir lo que veía, se convirtió en el punto de inflexión de una carrera construida con décadas de dedicación. La viralidad no crea el talento, pero a veces le da la visibilidad que el talento merece y que la ciudad, en su vorágine, le había negado.








