La vara alta choca contra el avión presidencial
Manuel Adorni, el hombre que cada mañana imparte lecciones de austeridad desde el atril de Casa Rosada, se encuentra hoy en una posición defensiva que no suele frecuentar. Tras el escándalo por el traslado de su esposa a Nueva York en la flota oficial, el Jefe de Gabinete ensayó una disculpa que intenta separar la ética de la legalidad. Para el funcionario, se trató de una “pésima decisión”, pero no de un delito. Sin embargo, en el microclima de Balcarce 50, la pregunta que flota es otra: ¿cuánto daño le hace a la narrativa oficial un beneficio personal financiado con recursos del Estado?
Entre el “deslome” neoyorquino y el descanso esteño
La controversia no solo se alimentó del pasaje aéreo. La defensa de Adorni, quien aseguró haber ido a Estados Unidos a “deslomarse” trabajando, terminó siendo un búmeran retórico que él mismo admitió como “absolutamente inapropiado”. A esto se le suma el ruido generado por sus vacaciones en Punta del Este en un vuelo privado de 4.000 dólares. Aunque el ministro coordinador se apuró a aclarar que sus ingresos familiares justifican el gasto y se verán en su declaración jurada, el contraste visual entre el ajuste que pregona el Gobierno y el confort de su círculo íntimo genera cortocircuitos en una base electoral que vigila con lupa los privilegios.
Fuego amigo y la teoría del complot interno
Lo más punzante de las declaraciones de Adorni no fue el pedido de perdón, sino la admisión de una interna feroz. El Jefe de Gabinete confirmó que el video que desató el escándalo provino de “puertas adentro” del Gobierno. Esta confesión deja al desnudo las grietas en el equipo de Javier Milei, donde la pelea por los espacios de poder y la influencia parece haber pasado de las discusiones de pasillo a la filtración de material sensible. Mientras Adorni denuncia un intento de “desestabilización” contra el Ejecutivo, queda claro que el enemigo, en esta ocasión, no estaba en la vereda de enfrente, sino en el despacho de al lado.










