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Colecta de juguetes en CABA: 5.000 donaciones y un debate de gestión

5.000 juguetes y una pregunta inevitable: ¿alcanza la solidaridad vecinal para tapar los agujeros de la política social porteña?

El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires presentó como un logro de gestión la recolección de 5.000 juguetes durante una campaña solidaria organizada en el marco del Día del Niño. La iniciativa, impulsada por la Dirección General de Participación Ciudadana en conjunto con Voluntarios BA, se desarrolló entre el 7 y el 11 de agosto, con puntos de recepción distribuidos en distintos barrios porteños. En la primera jornada de distribución se entregaron 2.250 unidades en tres establecimientos: el Centro de Acción Familiar N.° 3, los Centros de Inclusión Social y el CEDI Rayito de Sol.

El operativo incluyó una etapa de revisión y clasificación para garantizar que los juguetes estuvieran en condiciones de uso, y una organización por rangos etarios para adecuar las donaciones a las necesidades de cada destinatario. El remanente será reservado, en parte, para una futura colecta navideña.

El dato político que la Ciudad no menciona

Más allá del impacto concreto que una acción de este tipo tiene en las familias que reciben los juguetes, la iniciativa abre un debate que el Gobierno porteño prefiere no protagonizar: ¿en qué medida el Estado delega en la solidaridad ciudadana lo que debería resolver con política pública sostenida?

La campaña se sustentó en la voluntad de los vecinos de donar, en la disponibilidad de voluntarios para clasificar y en la capacidad logística de organismos que, en muchos casos, operan con recursos acotados. El esquema funciona, sí, pero su funcionamiento depende de variables que el Estado no controla ni garantiza.

Los tres establecimientos que recibieron juguetes en la primera etapa, el CAF 3, los CIS y el CEDI Rayito de Sol, son centros que atienden a niños y adolescentes en contextos de vulnerabilidad social. Que sean precisamente estos espacios los beneficiarios de una colecta solidaria, y no de una partida presupuestaria específica para dotarlos de materiales lúdicos y educativos de manera regular, es un dato que merece ser leído con atención crítica.

Una vidriera con fondo de escasez

El Gobierno de Jorge Macri tiene una habilidad reconocida para la comunicación de gestión: convierte acciones puntuales en narrativas de impacto. La distribución de juguetes no es la excepción. La foto del operativo, los números redondos, el relato de la participación vecinal: todo forma parte de una puesta en escena que busca transmitir cercanía y eficiencia.

Pero la contracara es menos vistosa. Los centros comunitarios porteños arrastran déficits estructurales que ninguna colecta de fin de agosto puede resolver. Y la apelación recurrente al voluntariado y a la donación ciudadana como mecanismo para cubrir necesidades básicas de la infancia en situación de vulnerabilidad plantea una pregunta legítima: ¿dónde está el Estado cuando no hay campaña?

La respuesta, claro, no viene en el comunicado oficial.