Deepfakes, venta de imágenes y amenazas: el escándalo de violencia digital que sacude al Nacional de Buenos Aires y al Pellegrini
Un caso de violencia sexual digital protagonizado por adolescentes de entre 13 y 14 años encendió las alarmas en dos de los colegios más emblemáticos de la Ciudad de Buenos Aires. Estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires (CNBA) y de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini fueron denunciados por crear, compartir y comercializar imágenes adulteradas de sus compañeras mediante herramientas de inteligencia artificial, en lo que representa un episodio inédito en la historia de ambas instituciones dependientes de la Universidad de Buenos Aires.
Las víctimas descubrieron la existencia de un drive organizado con sus nombres, fotografías intervenidas digitalmente y un precio de venta: packs a mil pesos. Las imágenes combinaban deepfakes generados con IA, utilizando los rostros de las jóvenes, con fotografías sustraídas de sus propias redes sociales. Según los testimonios relevados, al menos ocho alumnos habrían participado en la difusión del material. Todos son menores de edad y recibieron sanciones de suspensión mientras avanzan las investigaciones internas.
El caso no tardó en escalar. Cuando la situación comenzó a conocerse puertas adentro del Pellegrini, apareció un mensaje escrito en los bancos de las aulas que recrudeció el impacto emocional entre las estudiantes y sus familias: “Ustedes nos pueden delatar, pero no vamos a parar de desnudarlas y venderlas”. La amenaza directa derivó en ruidazos, sentadas de protesta e incidentes en la vía pública, donde grupos de alumnas afectadas confrontaron a los señalados como responsables.
La Universidad de Buenos Aires confirmó la situación y activó el protocolo por violencia sexual digital. Aunque hasta el momento no se había radicado una denuncia judicial formal, la UBA inició una investigación interna bajo la figura de violencia de género y acompañó a las alumnas y sus familias en el proceso.
La rectora del CNBA, Valeria Bergman, reconoció haber recibido alertas de la comunidad sobre la circulación de imágenes de estudiantes y subrayó que “cualquier acción de este tipo resulta repudiable y contraria a los valores que promueve esta institución”. En tanto, la rectora del Pellegrini, Ana Barral, informó que se activó el protocolo de violencia de género, se realizaron presentaciones ante el Consejo de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la Ciudad de Buenos Aires y se efectuaron llamados a la Línea 102. Barral también instó a las familias a presentar denuncias formales e indicó que las pruebas se encuentran en los dispositivos móviles de los propios estudiantes.
En el plano institucional, el Pellegrini informó la realización de entrevistas individuales con alumnos y familias, charlas grupales y la elaboración de informes pedagógicos. Además, el Consejo de Convivencia avanzó en el diseño de herramientas normativas, entre ellas la restricción total del uso de celulares en el ámbito escolar, y se convocó a las familias a ejercer control parental activo sobre los espacios digitales de sus hijos.
La Comisión de Géneros del centro de estudiantes del Nacional de Buenos Aires fue contundente en su posicionamiento público. En un comunicado difundido en redes sociales, exigieron que las autoridades no obliguen a las víctimas a convivir diariamente con quienes vulneraron su intimidad, y lanzaron un llamado directo: “Si sabés de alguien que difundió o comercializa, denuncialo”. El texto cerró con una consigna que sintetiza el reclamo colectivo: “Si tocan a una, tocan a todas”.
El episodio instala una pregunta urgente para la gestión educativa porteña y nacional: frente a la velocidad con que las tecnologías de inteligencia artificial habilitan nuevas formas de violencia de género, ¿están los colegios, los protocolos institucionales y el marco legal a la altura del desafío?
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