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Festejo Argentina: del Obelisco al mundo tras la final del Mundial

Argentina en la final del Mundial: el Obelisco estalló y el mundo entero se pintó de celeste y blanco

El triunfo 2-1 sobre Inglaterra no fue solo un resultado deportivo. Fue el detonante de una explosión colectiva que convirtió al país —y a buena parte del planeta— en una sola hinchada. La Selección de Lionel Scaloni volvió a demostrar que su poder de convocatoria va mucho más allá de cualquier cancha.

Antes incluso de que sonara el pitazo final, el Obelisco ya era otra cosa. Grupos de hinchas se habían instalado en el corazón de la 9 de Julio sin pantalla, sin transmisión y sin nada más que la certeza de que si la Selección ganaba, ese era el lugar donde tenían que estar. La historia les dio la razón: en cuestión de minutos, miles de personas tomaron el espacio más icónico de Buenos Aires con banderas, camisetas y un repertorio de canciones que ya forma parte del folclore albiceleste.

El Gobierno de la Ciudad había anticipado parte del operativo montando dos Fan Fest para seguir el partido en vivo: uno en la Plaza Los Andes de Chacarita y otro en la Plaza Seeber de Palermo. Dos pantallas gigantes, cientos de familias y una remontada épica que hizo estallar ambos puntos de encuentro. Desde ahí, la marea humana fluyó hacia el Obelisco en la peregrinación de siempre, mientras en cada barrio porteño se repetía la misma escena: bocinas, abrazos y gritos que llenaron la noche.

Pero la celebración no fue solo porteña. Rosario, Córdoba, Mendoza, Tucumán y Mar del Plata, entre decenas de ciudades del interior, vivieron sus propias caravanas espontáneas. El país volvió a detenerse por unas horas para celebrar en comunidad, como solo el fútbol logra generar.

El fenómeno, sin embargo, tuvo una dimensión que ya excede lo local. Las imágenes que empezaron a circular en redes sociales mostraron algo que se repite con esta generación dorada: la Scaloneta juega siempre de local, sin importar en qué continente. Desde Madrid hasta Tel Aviv, desde San Pablo hasta París, comunidades de argentinos salieron a las calles con banderas y camisetas para festejar la clasificación a una nueva final mundialista.

El detalle que más llamó la atención fue la postal desde el Reino Unido. En Cardiff, la capital galesa, y en Glasgow, la ciudad más grande de Escocia, grupos de hinchas argentinos festejaron en bares y veredas un triunfo que, dado el rival, tenía un sabor especialmente particular. Los cantitos resonaron en rincones que poco tienen que ver con el fútbol sudamericano, pero que por unas horas se transformaron en una extensión de la fiesta.

Atlanta, sede del partido, ya había vivido su propio anticipo: un banderazo multitudinario antes del encuentro convirtió a la ciudad estadounidense en territorio argentino. Luego del pitazo final, esa marea celeste y blanca simplemente se desbordó hacia el resto del mundo.

Así, lo que empezó en una cancha de Estados Unidos terminó recorriendo el planeta. Una victoria sobre el histórico rival inglés, una nueva final por delante y una hinchada que, partido a partido, sigue confirmando que esta Selección tiene la extraña capacidad de unir lo que normalmente divide.