Maratón de Buenos Aires: récord, multitudes y el Gobierno porteño como gran anfitrión de un evento que mueve millones
La edición 2026 de la Maratón Internacional de Buenos Aires dejó números que difícilmente pasen desapercibidos: más de 16.000 corredores, atletas de 64 países y un nuevo récord del circuito femenino. Pero detrás de la postal deportiva, el Gobierno de la Ciudad no tardó en capitalizar el evento como vidriera de gestión y como argumento de peso en la disputa por posicionar a Buenos Aires como capital latinoamericana del running de elite.
La largada se dio en Figueroa Alcorta y Dorrego, en pleno Palermo, y el recorrido de 42 kilómetros llevó a los participantes por algunos de los puntos más emblemáticos de la Ciudad: el Obelisco, el Teatro Colón, la Casa Rosada, la Catedral Metropolitana y el Puente de la Mujer, entre otros hitos de Recoleta, Retiro, Puerto Madero y La Boca. Un trayecto que, además de ser un desafío físico, funciona como una postal turística de primer orden.
En lo estrictamente deportivo, el keniano Bethwel Kibet Chumba se impuso en la rama masculina con un tiempo de 2 horas, 8 minutos y 22 segundos. Pero la figura del día fue su compatriota Rebecca Kangogo Chesir, quien no solo se coronó en la prueba femenina sino que además pulverizó el récord del circuito al completar los 42 kilómetros en 2 horas, 23 minutos y 31 segundos.
Entre los argentinos, Ignacio Erario fue el mejor clasificado en la rama masculina, con 2 horas, 16 minutos y 42 segundos, seguido por Ignacio Reyes y Esteban Angulo. En el podio femenino nacional, Chiara Mainetti lideró con 2 horas, 38 minutos y 25 segundos, por delante de Anahí Castaño y Mercedes Piredda.
La convocatoria internacional fue contundente: 5.769 corredores extranjeros de los cinco continentes, con Brasil encabezando el ranking de participación extranjera con 2.769 atletas. Chile y Uruguay completaron el podio de países con mayor presencia, y entre los diez países con más representación se superaron los 5.000 corredores foráneos.
La prueba, organizada por la Asociación de Carreras y Maratones Ñandú y avalada por World Athletics Label, contó con una grilla de elite que incluyó especialistas de Kenia, Etiopía y Ruanda, con antecedentes que los ubican entre los mejores del mundo en la distancia.
La presencia del jefe de Gobierno, Jorge Macri, en la entrega de medallas no fue casual. Lo acompañaron el jefe de Gabinete Gabriel Sánchez Zinny, el ministro de Seguridad Horacio Giménez y el secretario de Deportes Fabián “Chino” Turnes. La foto fue, también, un mensaje político: el deporte de alto rendimiento como eje de una agenda de gestión que busca mostrar a Buenos Aires como una ciudad abierta al mundo, con capacidad de organizar eventos masivos y de impacto económico.
Desde el Ejecutivo porteño remarcaron el doble impacto de la maratón: por un lado, el fomento de la actividad deportiva; por el otro, el movimiento turístico y comercial que genera la llegada de miles de corredores del exterior, que implica noches de hotel, consumo gastronómico y traslados en una ciudad que necesita dinamizar su economía.
El evento se inscribe, además, en una temporada deportiva que viene siendo intensa para la Ciudad. Solo un mes antes, el 23 de agosto, la Media Maratón de Buenos Aires había reunido a más de 31.500 participantes y fue escenario de un hito histórico: el etíope Yomif Kejelcha estableció un récord mundial de los 21 kilómetros al completar la distancia en 56 minutos y 51 segundos.
La acumulación de eventos de esta escala en tan poco tiempo no es casualidad: responde a una estrategia deliberada del Gobierno porteño para consolidar a Buenos Aires como sede preferencial del atletismo de elite en la región, en paralelo a otras apuestas de alto vuelo como el retorno de la Fórmula 1 al Autódromo Gálvez o la vuelta del MotoGP en 2027. El deporte, en manos de la gestión Macri, es también política.








