Adiós a Rubén Rada: la Ciudad que lo adoptó llora a uno de los grandes del Río de la Plata
El candombe, el jazz, el funk y el rock rioplatense perdieron este miércoles a uno de sus referentes más genuinos. Rubén Rada murió a los 83 años, luego de batallar durante casi un mes contra una neumonía que derivó en complicaciones que su cuerpo no pudo superar. La noticia fue confirmada por su propia familia a través de un comunicado que circuló en las últimas horas de la tarde del 26 de agosto.
“Con muchísimo dolor les comunicamos que hoy miércoles 26 de agosto a las 15.30 se fue y ahora descansa en paz nuestro querido esposo, padre y abuelo”, expresaron los suyos en el mensaje, en el que también agradecieron el acompañamiento del público y el trabajo del equipo médico que, según sus palabras, “hizo todo lo posible y más”.
Nacido en Uruguay, Rada construyó una carrera que excedió ampliamente las fronteras de su país natal. Su vínculo con Buenos Aires fue tan profundo y sostenido que la propia Ciudad lo reconoció formalmente como parte de su tejido cultural. El 19 de septiembre de 2013, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires lo declaró Personalidad Destacada en el ámbito de la Cultura, a través de la Ley N° 4.680, una distinción que la institución porteña reserva para figuras cuya trayectoria deja una marca duradera en la vida cultural de la ciudad.
El reconocimiento no fue un mero gesto protocolar. Rada representaba algo difícil de clasificar: era un artista que había logrado que el candombe —ritmo de raíces afro-uruguayas— dialogara naturalmente con el jazz, el rock y el funk, construyendo un lenguaje propio que resonó en teatros, festivales y barrios de ambas márgenes del Plata. Buenos Aires lo vivió en escena, lo aplaudió en sus salas y lo incorporó a su identidad cultural compartida.
La declaración de Personalidad Destacada también visibiliza una práctica institucional que la Legislatura porteña sostiene desde hace años: el reconocimiento formal a artistas que, más allá de su origen geográfico, contribuyen de manera significativa a la cultura de la Ciudad. En ese sentido, la muerte de Rada pone en primer plano cuánto puede pesar un vínculo construido entre un músico y una ciudad que no era la suya pero que lo hizo propio.
La pérdida llega en un momento en que Buenos Aires transita el Tango BA 2026, uno de sus festivales culturales más importantes, y en el que el debate sobre el valor de la cultura rioplatense como identidad compartida está más presente que nunca. La figura de Rada encarnaba precisamente eso: la imposibilidad de trazar una línea nítida entre lo uruguayo y lo porteño cuando se habla de música popular del Río de la Plata.
Quienes lo conocieron en escena saben que Rada no actuaba: habitaba la música. Y esa presencia, irreproducible, es la que Buenos Aires —y el Río de la Plata entero— despide hoy con genuino dolor.










