Emprendiendo +50: la Legislatura porteña impulsa créditos del Banco Ciudad para mayores que quieren trabajar por su cuenta
Un proyecto presentado en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires propone crear una línea de financiamiento específica para personas mayores de 50 años que busquen iniciar o sostener un microemprendimiento. La iniciativa, impulsada por el legislador Marcelo Gregorio Ernst junto a los coautores Marina Kienast, Solana Pelayo y Leonardo Saifert, apunta a una franja etaria que históricamente enfrenta barreras concretas para reinsertarse en el mercado laboral formal.
La línea se llamaría “Emprendiendo +50” y funcionaría en el ámbito del Banco de la Ciudad de Buenos Aires. Su objetivo declarado es promover la inclusión financiera y la autonomía económica de quienes superan la mitad de siglo de vida, un segmento que los propios fundamentos del proyecto describen como expuesto a la discriminación por edad, la subocupación y la informalidad.
Quiénes podrían acceder y para qué
Para ser beneficiarios, los interesados deberán tener 50 años o más, acreditar al menos dos años de residencia continua en la Ciudad y presentar un proyecto de microemprendimiento que detalle sus objetivos, la actividad a desarrollar y el destino de los fondos.
Los créditos podrían destinarse a la compra de herramientas, maquinaria, equipamiento e insumos, a la adecuación de espacios físicos, a la incorporación de tecnología y también a instancias de capacitación vinculadas al emprendimiento.
En cuanto a las condiciones financieras, la propuesta establece tasas preferenciales y plazos de entre 12 y 36 meses, con períodos de gracia para el inicio del repago. Los detalles finales quedarían sujetos a la reglamentación.
Beneficios adicionales para casos específicos
El proyecto contempla condiciones todavía más favorables para ciertos perfiles. Las personas mayores de 60 años, los emprendimientos que incorporen tecnología o digitalización y aquellos que generen empleo podrían acceder a reducciones adicionales en la tasa de interés o a plazos de financiación más extendidos.
También se prevé que la autoridad de aplicación impulse instancias de asistencia técnica y acompañamiento para los postulantes, con el fin de mejorar la viabilidad de los proyectos antes y después del desembolso.
El trasfondo político: informalidad, edad y autoempleo
Los fundamentos del proyecto citan datos estadísticos que ilustran el contexto. Según el texto, alrededor del 22,1% de las personas ocupadas en la Ciudad trabaja por cuenta propia, mientras que a nivel nacional la informalidad laboral alcanza al 42% de los trabajadores y supera el 60% entre los independientes.
En ese marco, los legisladores argumentan que el autoempleo puede funcionar como una salida más flexible para quienes enfrentan obstáculos concretos para volver al mercado formal: desde la discriminación etaria en los procesos de contratación hasta la necesidad de actualizar competencias digitales.
La propuesta no esquiva la dimensión fiscal. Si las condiciones preferenciales generan para el Banco Ciudad un costo que supere el umbral que fije la reglamentación, el Poder Ejecutivo porteño podrá establecer mecanismos de compensación, sujetos a las disponibilidades presupuestarias.
Control legislativo y transparencia
Un aspecto político relevante del proyecto es el mecanismo de rendición de cuentas que establece. El Banco Ciudad deberá informar anualmente los créditos otorgados, el grado de ejecución de la previsión crediticia, el perfil de los beneficiarios y los niveles de morosidad, comparados con líneas similares de la entidad.
Ese reporte deberá llegar cada año a las Comisiones de Desarrollo Económico y de Presupuesto de la Legislatura porteña, lo que introduce un control parlamentario periódico sobre el instrumento.
La implementación, en caso de que el proyecto se convierta en ley, se financiaría con las partidas presupuestarias vigentes, sin necesidad de recursos adicionales en el corto plazo.
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