Nieve en Buenos Aires: por qué la ciudad sigue siendo casi imposible de nevar y qué condiciones deberían darse
Cada vez que el frío polar golpea a la Argentina y ciudades como Mar del Plata amanecen cubiertas de blanco, la pregunta vuelve con fuerza en el Área Metropolitana: ¿podría nevar en Buenos Aires? La respuesta corta es sí, pero con tantas condiciones que el fenómeno se convierte en algo casi excepcional. La última vez que la Ciudad Autónoma fue testigo de una nevada fue el 9 de julio de 2007. Antes de eso, había que remontarse a 1918.
La ola de frío que atraviesa el país en estos días reavivó el debate. Sin embargo, especialistas consultados fueron claros: el frío por sí solo no alcanza. Para que nieve en CABA deben coincidir, en una ventana de pocas horas, al menos cinco condiciones meteorológicas que raramente se alinean.
El meteorólogo Mauricio Saldívar, de Meteored, y el licenciado en Medio Ambiente y pronosticador del Aeropuerto de Córdoba, Marcelo Madelón, coincidieron en que la clave está en la combinación de aire muy frío con humedad y precipitaciones activas al mismo tiempo. Suena sencillo, pero en la práctica es todo un desafío atmosférico.
Las cinco condiciones que deben darse
La primera condición es que el aire sea extremadamente frío, no solo en superficie sino en todas las capas de la atmósfera. Madelón explicó que, aunque puede haber una nevada con temperaturas positivas al nivel del suelo, en las nubes deben registrarse varios grados bajo cero.
La segunda es técnica pero determinante: el nivel de congelación debe estar prácticamente pegado al suelo. Si ese umbral está demasiado alto, la precipitación cae como lluvia fría o aguanieve antes de llegar como nieve al pavimento. Saldívar precisó que esto es “algo excepcional en una zona costera templada” como Buenos Aires.
El tercer requisito es uno de los más difíciles de cumplir: la sincronización exacta entre el pico de frío y el momento en que se activan las precipitaciones. Según Saldívar, esa ventana suele durar apenas unas pocas horas. Si el aire polar llega antes que la lluvia, cuando finalmente precipita la masa de aire ya se modificó y la temperatura sube. Si llega después, cae como lluvia fría. “Lo mismo pasa si la lluvia llega después; ahora, por ejemplo, no tenemos precipitaciones en el momento ideal del frío”, señaló.
La cuarta condición implica la existencia de un mecanismo dinámico que fuerce el ascenso del aire y genere precipitaciones. Generalmente, esto ocurre con una ciclogénesis extratropical o una vaguada en niveles altos que active la precipitación sin incorporar calor que eleve el nivel de congelación.
La quinta, y quizás la más estructural, tiene que ver con la geografía propia de la Ciudad. El Río de la Plata aporta calor sensible y latente que eleva la temperatura en superficie, y la densidad urbana del AMBA suma su propio efecto de isla de calor. Eso explica por qué, incluso cuando nieva en el conurbano o en municipios de la provincia, en la Ciudad el fenómeno tiende a disolverse antes de cuajar.
¿Y esta ola de frío alcanza?
Saldívar fue preciso al respecto: técnicamente, el episodio actual no califica como ola de frío para el AMBA, porque no se cumplieron en simultáneo todas las condiciones requeridas. “Solo se cumplió una de las condiciones, pero las máximas fueron superiores al umbral necesario”, explicó. Para que se configure una ola de frío formal, las temperaturas mínimas y máximas deben mantenerse por debajo de ciertos valores durante al menos tres días consecutivos.
En cuanto al pronóstico inmediato, Madelón indicó que el aire polar de origen antártico seguirá afectando gran parte del país durante los próximos días, con heladas previstas para el viernes y el sábado. Para la Ciudad, estimó algunas precipitaciones para el domingo, con mejora rápida a partir del lunes. El frío, aunque cediendo de a poco desde el miércoles 8, se mantendría por debajo de los valores normales durante los próximos diez días.
Un fenómeno que la historia confirma como rareza
Los antecedentes históricos hablan por sí solos. En más de cien años, solo dos veces nevó de manera registrada en la Ciudad: en 1918 y en 2007. En aquella última ocasión, el Servicio Meteorológico Nacional documentó cómo la temperatura descendió rápidamente durante la tarde del 9 de julio hasta permitir la acumulación de nieve en las calles, con mínimas de 2,6 grados y sensación térmica de -1,2 grados.
Mientras el frío polar sigue instalado sobre Buenos Aires y la región, la nieve en CABA permanece como lo que siempre fue: un evento extraordinario que el clima, la geografía y la física atmosférica conspiran en conjunto para hacer casi imposible.
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